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Relatoría de los gobernadores otomíes de El Cardonal, Tlazintla e Ixmiquilpan en el siglo XVIII

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Descripción

Martin Heidegger afirmaba que el tiempo encuentra su sentido en la eternidad, por lo tanto, se tiene que estudiar y comprender a partir de ésta. Con ello se refería a que el tiempo no es algo que se interrumpa de pronto con la muerte de una persona, ni siquiera con la muerte de un pueblo; la vida es una dimensión que se extiende más allá de los finales temporales y minúsculos de quienes la habitan.

En medio de esta reflexión, la historia aparece como un ente que se teje mientras sucede el tiempo. Su estudio es un esfuerzo de alargar ese presente que se escapa inevitablemente de las manos, cual si fuera agua. Los investigadores de la historia tienen el adeudo de ser los guardianes del tiempo, de hacer que el presente se perpetúe de manera que no se olvide; son los encargados de que las voces se sigan escuchando aún en la ausencia de los cuerpos. Esto significa un contacto permanente con la eternidad, con lo etéreo, lo que trasciende; los investigadores de la historia son quienes nos recuerdan que un día fuimos, y que por ello somos y seguiremos siendo.

Es por ello que cuando tenemos la suerte de conocer de cerca un trabajo tan importante como el Códice Tephé-Tlazintla, no nos queda más que maravillarnos por la responsabilidad y el monumental esfuerzo que requiere. Independientemente de su calidad académica, que es mucha, pienso que lo trascendental de esta obra versa en el valor ético de comprometerse con esas decenas de personajes que construyeron material y simbólicamente a estos pueblos; la labor de buscar y sumergirse en los archivos de El Tephé ha significado darle un rostro a las personas del pasado, quienes al enfrentarse a lo indómito del tiempo corrían el riesgo de ser borradas. Cada mención de un nombre, cada fotografía, cada voz que se ha liberado de esos cajones, cada documento rescatado, se traducen en la eternización de una mujer, un hombre y más grande aún, de una cultura.

Compartamos entonces, querido lector, la gracia de ser testigos de esta resurrección de voces y de rostros; la presente es una obra que sintetiza la trayectoria comprometida con el pueblo Otomí que han demostrado a través de los años los autores y su contenido seguramente será en el futuro una referencia obligada para los interesados aficionados y doctos de las culturas indígenas y en especial de la Otomí.

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